Araceli dejó escrito en una carta antes de marcharse a recorrer el mundo:
Que haya tormentas.
Pero que dejen que me ría.
Que se extrañen, que me llamen loca, ilusa, soñadora, lo que quieran.
Pero que dejen que me ría.
Yo no veo la tormenta sino hay sol después.
No me entra en la cabeza que sólo haya tormenta.
Así que llamarme lo que queráis.
Pero si llueve bailo.
Y si lloro también río.
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